Andrés de Santa Cruz

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Mariscal Andrés de Santa Cruz (1792-1865) fue un destacado militar y político  una figura emblemática en la historia de Bolivia y América Latina en su conjunto. Su legado como líder militar y estadista continúa inspirando a las generaciones venideras a trabajar hacia la unidad, la justicia y el progreso en la región. Su nombre perdura como un recordatorio de la valentía y la visión necesarias para enfrentar los desafíos y forjar un futuro mejor para las naciones latinoamericanas.

 

Nacimiento: 30 de noviembre de 1792, Huarina
Fallecimiento: 25 de septiembre de 1865, Francia
Cargos anteriores: Protector de la Confederación Perú-Boliviana (1836–1839), MÁS
Padres: Juana Basilia Calahumana, José de Santa Cruz y Villavicencio
Organización fundada: Universidad Mayor de San Andrés
Cónyuge: Francisca Cernadas
Sucesor: Cargo disuelto; Agustín Gamarra; Presidente de Perú; José Miguel de Velasco; Presidente de Bolivia

 

Índice
  1. Mariscal Andrés de Santa Cruz: El Legado de un Líder Boliviano
    1. Orígenes y Ascenso
    2. La Confederación Perú-Boliviana
    3. Políticas y Reformas
    4. Legado y Significado
  2. Bibliografía Andrés de Santa Cruz
    1. Que hizo Andrés de Santa Cruz
  3. Santa Cruz, el Cóndor Indio

Mariscal Andrés de Santa Cruz: El Legado de un Líder Boliviano

Mariscal Andrés de Santa Cruz , nació en La Paz, Bolivia, el 5 de diciembre de 1792, hijo de un peruano y una indígena boliviana. Su padre, José Santa Cruz Villavicencia, era un maestre de campo, nacido en Huamanga (Ayacucho), y su madre, Juana Basilia Calaumana, habría tenido ascendencia noble incaica.

Inició su carrera militar en el ejército realista hasta 1820, cuando se unió a las filas de José de San Martín. Participó activamente en las luchas por la independencia del Perú y del Alto Perú, incluida la Batalla de Ayacucho. Su participación fue crucial en la liberación del Alto Perú, que culminó con la constitución de la República de Bolivia.

Desde sus primeros años, Santa Cruz abogó por la creación de un Estado Perú-boliviano, lo que lo llevó a oponerse a las ideas de Simón Bolívar y a destituirlo como presidente vitalicio de Perú.

Después del gobierno de Bolívar, Santa Cruz ocupó el cargo de presidente del consejo de Gobierno en el Perú. Convocó al segundo Congreso Constituyente en 1827, que se instaló bajo la presidencia del sacerdote Francisco Javier de Luna Pizarro.

En 1828, ante la invasión del ejército peruano liderado por Agustín Gamarra, Santa Cruz viajó a Bolivia. La firma del Tratado de Piquiza en julio de 1828 resultó en la destitución del presidente Antonio José de Sucre.

Santa Cruz asumió la presidencia de Bolivia en 1829, después de imponerse a sus opositores y forzar la renuncia de Antonio José de Sucre. Como líder liberal, implementó diversas reformas que incluyeron la creación de la Confederación Perú-boliviana en 1836. Esta confederación comprendía tres estados: el Estado Nor Peruano con capital en Lima, el Estado Sur Peruano con capital en Tacna y el Estado Boliviano, donde Santa Cruz se nombró Supremo Protector.

Durante su mandato, Santa Cruz promulgó la Constitución liberal de 1831, que abolió la esclavitud y estableció leyes propias para el país. Sin embargo, su oposición a la confederación lo enfrentó a Agustín Gamarra, quien lideró la campaña restauradora y contribuyó al derrocamiento de Santa Cruz como protector del estado binacional en la Batalla de Yungay.

Santa Cruz intentó recuperar el poder en 1845, pero fracasó y fue exiliado definitivamente. Pasó sus últimos años en Europa, donde desempeñó roles diplomáticos y murió en Beauvoir, Francia, el 25 de septiembre de 1865.

En la historia de Bolivia, Mariscal Andrés de Santa Cruz emerge como una figura trascendental. Su legado político y militar ha dejado una marca indeleble en la historia de América Latina. Nacido el 5 de diciembre de 1792 en La Paz, Bolivia, Santa Cruz se erigió como un líder visionario que desafió las convenciones de su tiempo y luchó incansablemente por la unidad y el progreso de su país y la región.

Orígenes y Ascenso

Santa Cruz comenzó su carrera militar a una edad temprana, uniéndose al ejército patriota durante la guerra de independencia de Bolivia contra España. Su valentía y habilidades estratégicas le valieron ascensos rápidos, y pronto se convirtió en una figura prominente en el escenario militar boliviano. Sin embargo, fue su liderazgo durante la Confederación Perú-Boliviana lo que lo catapultó a la prominencia regional.

La Confederación Perú-Boliviana

El período de la Confederación Perú-Boliviana, que duró desde 1836 hasta 1839, marcó una era de ambición y desafíos para Santa Cruz. En su intento por unir a los países vecinos bajo un solo gobierno, Santa Cruz enfrentó una serie de obstáculos políticos y militares. Sin embargo, su visión de una América Latina unida y fuerte lo llevó a perseverar a pesar de las adversidades.

Políticas y Reformas

Santa Cruz no solo fue un líder militar, sino también un estadista consumado. Durante su mandato, implementó una serie de reformas políticas y económicas que transformaron la estructura y el funcionamiento del gobierno boliviano. Introdujo medidas para promover la educación, el comercio y la agricultura, sentando así las bases para el desarrollo futuro del país.

Legado y Significado

El legado de Santa Cruz trasciende las fronteras de Bolivia. Su visión de una América Latina unida bajo un gobierno federal influyó en las futuras generaciones de líderes y políticos en la región. Su capacidad para forjar alianzas y buscar la estabilidad en un momento de turbulencia política es un testimonio de su habilidad como líder y diplomático.

 

 

Bibliografía Andrés de Santa Cruz

Sin duda alguna la gran figura de la historia republicana de Bolivia, el único de los presidentes nacidos en Bolivia cuya obra ha trascendido las fronteras e influyó en el destino de la región del Pacífico Sur sudamericano. Nació en la ciudad de La Paz el 5 de diciembre de 1792. Sus padres fueron el criollo Joseph Santacruz Villavicencio y la indígena Juana Basílica, la humana hija del cacique de Huarina, descendiente de los incas.

En diciembre de 1820, decidió ponerse al servicio de las armas patriotas ingresando al ejército de San Martín. Su acción más importante en las armas fue en 1822 en la Batalla de Pichincha en Ecuador, donde actuó como jefe de estado mayor. Bolívar lo ascendió a general y le encargó llevar un ejército al Alto Perú. En 1823, en Zepita (hoy en territorio peruano), tuvo una victoria que lo llevó al rango de Mariscal, por lo que se lo conoce como el Mariscal de Zepita.

El 6 de agosto de 1824, estuvo en la victoriosa Batalla de Junín, también como jefe de estado mayor, y fue ascendido a general de división, llegando al grado del Gran Mariscal del Perú, un honor no alcanzado por ningún otro boliviano. En 1825, fue nombrado prefecto de Chuquisaca, justo cuando la asamblea fundó Bolivia.

En 1826, fue designado también prefecto de La Paz y en ese mismo año fue elegido presidente del Perú, gobernando entre 1826 y 1827. Luego, pasó a Chile como ministro plenipotenciario del Perú ante Chile y Argentina. En 1829, se casó con Francisca Cernadas, con quien tuvo 7 hijos. Fue elegido presidente provisional de Bolivia en 1829, gobernando por casi diez años hasta 1839. Finalmente, fue elegido presidente constitucional y reelegido una vez. Fue el verdadero organizador de la nación actual.

Andrés de Santa Cruz es una figura importante en la historia de Bolivia y la región andina debido a su papel en la política y sus intentos de unificar a los países andinos. Su legado es objeto de diferentes interpretaciones y debates en la historiografía de América del Sur.

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Que hizo Andrés de Santa Cruz

  1. Origen y formación: Andrés de Santa Cruz nació el 5 de diciembre de 1792 en La Paz, que en ese momento era parte del Virreinato del Perú. Provenía de una familia de clase media y se educó en Lima, donde estudió en el Convictorio de San Carlos y posteriormente se dedicó a la carrera militar.
  2. Carrera militar: Santa Cruz se unió a las fuerzas independentistas y luchó en varias batallas durante las guerras de independencia en América del Sur. Se destacó como oficial y ganó la confianza de Simón Bolívar y Antonio José de Sucre, quienes lideraron las luchas independentistas.
  3. Presidencia de Bolivia: Santa Cruz ocupó la presidencia de Bolivia en dos períodos no consecutivos, primero de 1829 a 1839 y luego de 1839 a 1841. Durante su presidencia, intentó establecer la Confederación Perú-Boliviana, un proyecto de unión política entre Bolivia y Perú que buscaba fortalecer la región andina y promover su estabilidad.
  4. Confederación Perú-Boliviana: La Confederación Perú-Boliviana fue un intento de Santa Cruz de unificar los dos países en una entidad política. Sin embargo, esto generó tensiones con Chile y las fuerzas conservadoras peruanas, lo que llevó a la Guerra contra la Confederación Perú-Boliviana (1836-1839). La confederación finalmente fue derrotada, y Santa Cruz exiliado.
  5. Exilio y regreso: Después de su exilio, Santa Cruz vivió en Europa durante varios años. Regresó a Bolivia en 1842, pero no retomó el poder. Pasó sus últimos años en la política y en actividades intelectuales, escribiendo sobre temas políticos y sociales.
  6. Muerte: Andrés de Santa Cruz falleció el 25 de septiembre de 1865 en Beauvoir-sur-Mer, Francia, donde había vivido gran parte de su exilio.

 

Santa Cruz, el Cóndor Indio

Por: Carlos Mesa Q.

 

Andrés Santa Cruz ha tenido un sino trágico que  fue, irónicamente, superar su propio tiempo, emprender una hazaña mayor que la que la mayoría de los hombres que vivieron en su tiempo  podían vislumbrar o entender.

La sociedad boliviana conoció tres grandes proyectos de nación, el de la república oligárquica después del desastre del Pacífico, el de la Revolución Nacional hija del Chaco, y antes, a poco de la independencia, el de Santa Cruz con la realización de la nación Perú-boliviana, una  entidad supranacional capaz  de establecer un equilibrio continental en el sur frente a Brasil y la Argentina, disputando a Chile la hegemonía en el Pacífico.

La aventura tenía mucho de épica y requería de la fuerza común de dos sociedades convencidas  de su rumbo y de sus metas.  El Mariscal no contó con ellas, hizo las cosas a pesar de ambos pueblos, tuvo apenas el aliento de unos pocos hombres, paradójicamente entre  ellos notables y fieles generales extranjeros dispuestos a todo por el Protector, como Otto Felipe Braun o Trinidad Morán, también  algunos amigos bolivianos que lo acompañaron aún más allá del exilio, como Mariano Enrique Calvo o Sebastián  Agreda y un intelectual  liberal fiel a todo prueba como el español José Joaquín de Mora.  Pero no fue suficiente.  En la percepción de los doctores de Charcas, la recuperación de la unidad con el Perú era inevitablemente una subordinación de intereses y una disminución de jerarquías.  En esa perspectiva el proyecto de Bolivia debía ser no sólo la cristalización de la anhelada independencia de la Audiencia, sino la evidencia de un poder autónomo y discrecional de una élite, por fin separada de Lima o Buenos Aires.

En ese contexto, el marbete de peruanismo no fue difícil de acuñar, y hasta hoy le toca al único de nuestros estadistas que fue capaz de ofrecer un proyecto de envergadura hacia el futuro.  Para la mirada provinciana de muchos bolivianos, la obra crucista se traduce en inútil sueño napoleónico, en desmesurada ambición personal o simplemente en desatino suicida.

Fue un tiempo intenso y de soledad, fue la obstinación y la persistencia, fue la voluntas de hierro frente a todo, pero fueron también las sombras de su condiscípulo, el Gral peruano Agustín Gamarra que quería simplemente comerse a Bolivia  a cualquier precio y terminó inmolado en tierra boliviana, o las de ese inflamado y radical joven militar arequipeño  Felipe Santiago Salaverry, que odiaba a Santa Cruz y murió fusilado por este en Arequipa.  Y fue, sobre todo, el otro gran coloso, el chileno Diego Portales que escribió:  “Unidos estos dos estados (Perú y Bolivia)… serán siempre más que Chile”  que irónicamente no vivió para ver destruida la Confederación, pero dejó en su patria una impronta, la de la sobrevivencia a cualquier precio, que marcó el destino de los tres países hasta hoy.  Para Chile la presencia demogoráfica y económica en el norte fue una premisa de oro, como lo fue la guerra.  Guerra a muerte a Santa Cruz, que sería y fue guerra a muerte a Bolivia y Perú.

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Andrés de Santa Cruz, hombre frío, poco proclive a las expresiones personales desmedidas, consciente de su poder y también sensible a los halagos, administrador admirable más que guerrero (otra ironía, porque bajo su mando es que Bolivia tuvo la secuencia de mayores éxitos militares de su historia), hombre de una sola y grande idea, quiso subordinar y subordinó todo al fuego del grial de la unidad; para ello intentó siempre el acuerdo negociado antes que el holocausto.  Lo intentó con Gamarra sin éxito, y lo intentó también con Chile, sin comprender que para el vecino del sur el asunto era de vida o muerte, de todo o nada.  Por eso le perdonó la vida el ejército chileno y su comandante en Jefe en Paucarpata, Manuel Blanco Encalada, ante el estupor de sus generales.  Fue un error demasiado  grueso en un escenario erizado de enemigos.  El 17 de noviembre de 1837 la paz de Paucarpata selló el futuro de la Confederación y el de su protector.   Santa Cruz se equivocó, igual que con Salaverry la negociación con los chilenos no cabía.

El Mariscal preparó a Bolivia durante seis años para el momento supremo de la unión, le dio una nueva Constitución, la dotó de códigos, reestructuró su educación, ordenó su economía y la hizo poderosa a través de un ejército eficiente que se paseó por los Andes.  Todo para reunir lo que siempre fue uno.  Ninguna de esas obras tenía sentido si no se comprendía y aceptaba el bien mayor que ese hombre tan autoritario como apegado a las leyes concebía como un destino posible y necesario.  Por eso el desenlace fue terrible.  Los tres estados unidos a duras penas, naufragaron en la batalla de Yungay, no sólo por los errores militares del Protector, sino sobre todo porque su sola  voluntad no era suficiente para construir la nueva realidad.  El Gral. chileno Bulnes, vencedor  en Yungay, contó además de sus fuerzas con las de peruanos  y bolivianos resentidos y heridos, mezquinos y pequeños.   A su lado estuvieron viejos y jurados enemigos como Gamarra y otros oficiales peruanos  radicalmente anticrucistas, y estuvo también en el sur el Gral. José Miguel de Velasco, ex-vicepresidente de Santa Cruz.  El rebelde  que aprovechó la derrota para derrocar al mariscal, agradeció a los «hijos de Caupolicán y Lautaro» por haber liberado a Bolivia del “monstruo”.  Andrés de Santa Cruz  fue calificado como insigne traidor a la patria e indigno del nombre de boliviano.  No sería el primero ni el último en recibir ese trato de sus compatriotas.  No contentos con esto, jefes bolivianos y peruanos humillaron al mariscal obligándolo a soportar la prisión-destierro de Chillán en la tierra de Diego Portales.

Han pasado más de doscientos años desde el nacimiento de este bolivianos excepcional, el único en toda nuestra historia que hizo de Bolivia una nación de respeto y jerarquía en América, el único que no sólo fue capaz de saltar las estrechas fronteras de una tierra acostumbrada a mirarse el ombligo, sino que fue capaz de construir nuevas fronteras, mayores, abiertas a otro futuro, este presente que tenemos hoy que nos obliga otra vez a pelear por la integración continental.

Presidente del Perú, Presidente de Bolivia, Supremo Protector de la Confederación Perú-Boliviana, hijo de la cacica india Doña Juana Basilia Calahumana y del maestre de campo criollo don Josep Santa Cruz; Andrés Santa Cruz Calahumana es el único boliviano de trascendencia continental, al que sin embargo, por nuestro perenne enclaustramiento físico e intelectual, se le quiere negar, aún dos siglos después de su muerte, el lugar que le corresponde junto a Bolívar, San Martín, Sucre, O’Higgins, Artigas y otros grandes próceres de América.

El notable biógrafo Alfonso  Crespo lo bautizó con justicia como el «Cóndor Indio». Gracias a la figura de Santa Cruz comprometí mi destino personal al de mi país y  aprendí a amarlo a través de la vida y el ejemplo del mayor de sus estadistas.  Ojalá que en su  paso  por la historia haya siempre –como en Lima  en 1839-un niño ilusionado capaz de gritar a todo pulmón ¡Viva Santa Cruz!

 

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