El primer salto en paracaídas en Bolivia, hace mas de 95 años la hazaña que marcó la historia aérea nacional

El 2 de mayo de 1930 quedó marcado en la historia de Bolivia como el día en que se realizó el primer salto en paracaídas en nuestro país, una valiente y pionera acción que hoy recordamos como un hito importante en la aviación boliviana. Sin embargo, esta fecha histórica no es tan conocida como debería, ni siquiera entre los clubes y las instituciones dedicadas al paracaidismo.
Todo comenzó con un joven de 19 años llamado Félix Luis Guzmán Durán, natural de Tarija, que tenía un sueño muy especial. Guzmán, que había hecho su servicio militar en la Escuela Militar de Aviación (EMA) y trabajaba como ayudante mecánico, deseaba lanzarse en paracaídas desde un avión. Esta idea no surgió de la nada; él había visto paracaídas en revistas y en el cine, y sabía que en la EMA existían estos aparatos, pero que nadie se animaba a usarlos por desconfianza y miedo.
Con mucha determinación, Félix Guzmán solicitó permiso a las autoridades militares y, al no recibir respuesta, incluso escribió una carta al presidente de Bolivia, el Dr. Hernando Siles, pidiendo autorización para llevar a cabo esta arriesgada prueba.
Finalmente, el 2 de mayo, en el aeródromo de El Alto, rodeado de periodistas, oficiales y una gran multitud, se preparó todo para el histórico salto. Guzmán fue examinado por un médico para asegurarse de que estaba apto para la prueba, y se firmaron documentos para liberar de responsabilidad a la Escuela Militar de Aviación y al piloto que lo llevaría en vuelo.
El piloto fue el teniente coronel Bernardino Bilbao Rioja, quien decidió volar el avión Vickers “Vespa” No. 5, un aparato de observación y bombardeo. A las 11:50 despegó el avión y ascendió hasta los 2,800 metros de altura (equivalente a 6,900 metros sobre el nivel del mar). A la señal del piloto, Félix Guzmán se deslizó por una pequeña escalerilla y saltó al vacío, confiando su vida en el paracaídas inglés “Irvin Air Chute”, hecho de pura seda y fabricado en 1929.
El teniente Bilbao recuerda que sintió gran ansiedad durante el descenso, preocupado por que el paracaídas se abriera, lo cual ocurrió exitosamente. Guzmán descendió balanceándose suavemente hasta tocar tierra, aproximadamente a nueve kilómetros del aeródromo. Aunque el piloto perdió de vista el paracaídas entre las nubes, pudo localizarlo y reunirse con el joven, quien apenas pudo caminar un par de kilómetros antes de ser recogido en auto.
El mismo Guzmán describió su experiencia: veía las casas como espejitos y sintió que estaba en un columpio que se movía violentamente. Además, contó que durante el descenso perdió la noción del tiempo y que al tocar tierra sufrió una fuerte conmoción en la cabeza, pero salió ileso.
Esta hazaña fue un gran avance para la aviación boliviana y el paracaidismo, mostrando valentía, determinación y espíritu pionero. Aunque después del salto, Félix Guzmán tuvo un pequeño accidente cuando tropezó al salir a almorzar, su nombre quedó grabado en la historia como el primer paracaidista boliviano.
En resumen, el primer salto en paracaídas en Bolivia no solo representa un momento emocionante y lleno de adrenalina, sino que también es una prueba del coraje y la innovación que han caracterizado a quienes han impulsado la aviación en nuestro país. Esta historia debe ser conocida y celebrada por todos los estudiantes y amantes de la historia, para valorar el esfuerzo y la pasión que permitieron abrir nuevos caminos en la defensa aérea y la exploración tecnológica.
